Por más que nos vendan que el billete al paraíso no es un trance
tiene el aspecto de una gran momia de 260 cementerios. Con
ese cansancio de haber enterrado desde las siete de hace diez
años. Después de los atascos, de los vendedores ambulantes
de flores, del recuerdo a sus seres queridos este aniversario
en el que el país Entero se muere, coincide por única vez
en lo degradado, en cementerios isla. Luego, Carlos, congelado
en la foto de la lápida, congelado al escuchar los gritos de Laura
en el parto, congelado en Pirineos y en esas fotos que están
en la vitrina de los licores. He comprado el abono para el infierno
del comandante Fontanes. Escríbeme desde el paraíso cuando
los familiares tengan los labios de buñuelos y regresen
comentando lo descuidado que estabas o mi arrebatada alegría.
Mañana es lunes, Laura empieza a la escuela y es águila.