12 de agosto de 2008

Antes nunca se imaginaron

antes nunca se imaginaron las abreviaturas
con tanto explícito. La primavera les ha devuelto
a una infancia rota, al chasquido de una rama en otoño
y no son capaces de beber de un sorbo la consumición
ni el aire del otro. Deberían tener un sueño, a juan
y a maría ya les concedieron el piso, y las firmas
se sustituyen por un sinfín de noches en vela, desnudos
al amanecer, exhaustos. Un helicóptero sobrevuela
sus ansias desmanteladas en esa terraza donde los turistas
cuentan las monedas y son cangrejos sonrosados desde la city,
corresponsales sobre el toro o la siesta más valdría caer en una
eterna, no soportar este momento con algo de espuma
en los labios, sintiendo ese desequilibrio de la cerveza
acoplándose a la sangre, tan perfectamente que asusta. Se siente
el ruido del tráfico, ordenado, fluyente dirigido por el gran ojo
desde arriba, bendito helicóptero, luis ya no asiste al espectáculo
de los entreactos y en un arranque de crimen perfecto, por qué
no lo dejamos y juan susurra a maría, por qué no nos mudamos
hoy mismo, marta cierra los ojos, inquieta, hurga en su bolso,
no encuentra su lápiz de labios.
 
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