12 de agosto de 2008

café en Gregorio Marañón, 127

cuando la descubrí, de pie en la barra, la empujé
y toda la mañana se resumió en un café corriente
debajo de su camisa y cada uno de los pedazos rotos
de la taza resonaron a cinco centímetros de su boca
y todas las sesiones de maría, la psicóloga se olvidaron
como el gimnasio y los mil paquetes de pañuelos,
las relaciones esporádicas, la huida, el capricho,
los muchos caprichos, el pediré el divorcio preámbulo
de una escena de cama, y los hijos, que tenía dos,
cuando la descubrí, sonrió desde los pies, antes
de que yo me disculpara y saliera para perderme nada
inocente una vez más en la espesura de los desánimos.
 
Ir Arriba