12 de agosto de 2008

Llévame al fin del mundo

Llévame al fin del mundo y luego hablaremos.
qué peste. Tengo los pantalones impregnados
de gasolina. ¿Qué pone ahí? Cádiz o Verona,
no se lee bien. 238 kilómetros. ¿Recuerdas
cuándo nos conocimos? Llévame al fin del mundo
y te respondo, disolviéndome en la sobremesa.
De poco sirve dejarte sobre la mesa mis tarjetas
de visita, cambié de profesión trescientas veces
hasta que acepté la tuya. Dios, no podré quitarme
ese olor nunca. Llévame, la brisa anula las vísperas,
no me recuerda a nada, no comparo, se agotaron
las reservas de símiles y las metáforas y trucos viejos
los olvidé en la aduana o en casa de teresa.
Hazme un solo gesto y ten por seguro que acabarás
durmiendo tu cabeza sobre mis muslos. Hablaremos,
quedan 25 kilómetros, se ve la luna a lo lejos, asequible.
 
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