12 de agosto de 2008

No terminó de secar

No terminó de secar su ropa interior y desde un mercedes
le preguntaban cuánto. Nunca supo dejar una pregunta
sin respuesta. Curiosamente no la veo, no está delante.
La recuerdo de un mediodía con sol mientras algunas
se arreglaban al lado de la carretera y los coches de policía
mantenían una velocidad constante sin detenerse.
Estoy rodeado de ruidos de tazas, de olor delicioso a café,
de gente leyendo el periódico o sus libros preferidos
tomando notas, escribiendo cartas de amor, gastando
días antes de viajar a la Patagonia o a Chile o a Boston.
Más de uno no tiene la vergüenza suficiente y no oculta
esa búsqueda de destinos, de carreteras de quince días,
ni guarda la emoción para su intimidad y las sonrisas
son de triunfo y generan envidias porque esos 500 euros
son para la otra, para la que no lavó su lencería,
el pintalabios corrido, el bolso pequeño con lo justo,
los tacones le destrozan los pies y te desafío.
 
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