12 de agosto de 2008

ten cuidado

ten cuidado. Más despacio. Tenía los ojos verdes y su novio,
el informático, no la llevaba por la cintura. Fue la primera
que se me insinuó y por entonces reunimos fuerzas y lo sórdido
nos acompañó hasta espacios de cama, lavabo, espejo, nada de
ropa, perchas, mesilla, teléfono e instrucciones precisas sobre
cómo llamar o qué hacer en una emergencia por incendio,
dos jabones, dos vasos con bolsas, toallas blancas. Se llaman
hoteles, pensiones, se para el mundo, se ausentan rabiosos,
con ese olor a animal profundo, ancestral. Se paga por noches,
unos 60 euros o 30, si aciertas. más fuerte, me gusta. Nunca
se dicen palabras como te quiero o nos veremos mañana. Por
curiosidad, se comenta lo del atentado en Islamabad, con ciento
veinte muertos, exhaustos, quemados como nosotros. Nos damos
cuenta en la despedida, bueno, yo me voy por plaza de la Luna,
yo por la calle de San Bernardo. Hablamos. Sí, pero no me llames
a partir de las siete. Sí, ya lo sé, tranquila. ten cuidado. Cuidate.
 
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