uñas pintadas de negro, barbilla elevada, pelo largo
hasta la cintura, manos blanquísimas, dedos largos
de pianista, el público viste gabardinas en hora punta
un periódico abierto, noticias de nacional, cinco
paradas más y es la mía, son diez minutos obligado
a ser familia de mi vecino, de los gitanos, el acordeón,
el vaso de plástico para las monedas, el retraso,
este olor pegajoso como de vida en conserva o sopa
fría, cuatro paradas más y es la mía, pasó a la página
de internacional y cree desaparecer protegida
por un momento en la inercia de otros metros
con tantas paradas como las que me faltan a mí,
cree sucumbir a la demora de los kilómetros
de las pirámides de juicios, cree desaparecer
en los rumores somníferos de otras vidas
que no pertenecen, que se prestan en blanco y negro,
sonrientes o exasperantes o con hambre, cinco
uñas pintadas de negro, tres estaciones más y es la mía,
se cierran las puertas con ese sonido hueco de la goma
sin sobresaltos, pasó por encima cultura y se pierde
en un domingo de futbolistas, ese ajeno paraíso
de las vidas cercanas, simétricas, dos paradas
y es la mía, en un descuido cierra el periódico
rasgadamente, lo tira sobre el asiento contiguo
acerca sus manos blanquísimas al manillón
y lo levanta como apuntan las instrucciones,
au revoir, mademoiselle, una más y es la mía,
me levanto e incumpliendo las normas internaciones,
acerco mis manos y no hay frío porque el papel arde,
final de trayecto.