aquello ya olía a pasado, se repetía
y no recordaba muy bien dónde lo había visto,
el caso es que ella, olía a cebollas, no paraba
de tirarme pestes con el lárgate, te compré
un billete, un clásico au revoir, vete lejos
deseando que la tocara hasta lo más hondo
donde se eriza el vello de sus piernas
ya hablé con Miguel, todo solucionado, nos
devolverá la fianza, impasible tirándome
lo que más ruido hacía, cómo nos conocimos
y lo mucho que la besaba, arrastrado,
enloquecido por su aroma, sudor y perfume
oferta del corte inglés, el mediterráneo
y las puestas de sol subiendo hacia el pequeño
cine con las botellas de cerveza a ochenta
y después concluyes, sentencias o lo que es
lo mismo me dejas con la boca abierta
mudo, innecesario, y justo aciertas das
en la llaga, en la cabeza con todo aquello
de borrar, por aquí, borrar por allá,
tipear líneas fijadas inmortalizadas
graníticamente, el metal agudo de la línea
cuatro me devuelve a diego de león y aquello
está más cerca de mañana en otra estación
que de la calle mayor de un sábado con
olor a detergente y sábanas colgadas
y cómo terminó con la ropa interior ordenada
por primera vez y el silencio de los vecinos.