Fue hace un par de años. No había tanta polución
o al menos esta no alcanzaba las gargantas. Esta ciudad
que siempre confundo con berlín, con roma, con parís,
no tenía el mismo rugido, el mismo vientre revuelto.
jonathan soñaba con perderse de vista, operarse
esa laringe que le había convertido en un ausente,
en un tipo que miraba aterrado a izquierda a derecha
desde la azotea. Creía tener las ideas claras, sereno
contaba todo lo ganado y podía dar la vuelta al mundo,
sentarse a verlas venir e insólitamente, la voz mudada
le dio el aviso, la inquietud necesaria. No fue hace tanto,
temblaba, su pulso al estrechar las manos de sus amigos
le jugaba una mala pasada, el milimétrico planchado
la simetría cuidada al sacar las llaves o ceder el paso
eran vagos recuerdos, fotografías en blanco y negro.
Una mañana, jonathan se puso la misma ropa y sin ducharse
salió mezclado con los charcos, con las lenguas de agua
que corrían calle abajo, acababa de llover para siempre,
todo el cielo, sin el velo de ayer, sin esa mentira
de un sol a mediodía que guardaba todas las claves.
No fue hace tanto. Jonathan cometió un error, el único
por ese solo se le censurará el aliento, los nuevos amores,
se atrevió a renunciar al final de la película, a obviarlo
y desde eso le retiraron la palabra, hacían como
que no le habían visto, buscaron explicaciones
donde no existían. A la salida del cine, no volvió a casa.