11 de septiembre de 2008

Se ha despejado

Se ha despejado. Los paraguas han plegado
su lunes de golondrina dormida. La manga
corta irrumpe, vehemente, confusa, da
un puñetazo solemne contra la mesa.
Te llevo esperando unos quince minutos
sereno, empapado, tierno. Tengo la certidumbre
absoluta de que doblarás la próxima esquina
desfilando con tu nueva camiseta que te sienta
tan bien con ese olor que me vuelve loco.
Lo que me asusta es pensar en la película del cine
ayer a las siete cuando descubrimos que el amor
no es eterno, que dura lo que dura, que es frágil,
que se quiebra como uno de tus cabellos,
que indigesta, aturde, segrega, superpone
y es una caja de cartón cerrada con un frágil
escrito en rojo. Faltas tú para completar la sonrisa,
para que no recuerde estas evidencias, para que me hunda
en tu forma de enredarte en los detalles y en tu melena,
el parte meteorológico dice que estará soleado,
lo creo a pies juntillas porque apareces y toma cuerpo.
 
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