10 de septiembre de 2008

Vivement

Vivement, con una pregunta: ¿cuándo volverás a quererme
y en esa ternura, nada sospechosa, desnudarte sin ese miedo
repentino a arrugar la ropa? Es mi turno. ¿Quién da la vez?
Sexo. Después, las uñas, la inquietud, la perseverancia, el silencio
corrido, las persianas bajadas, el sudor seco, las cortinas espesas,
el olor registrado, inyectado, a las nueve en casa para sacarnos
todo el resto de esta noche vivement, el estropajo, rasgar lo
último lo que reste de una ternura barata, con un final de
no respondes mis llamadas y tras quince días, el sexo reemplaza
en la cola del supermercado al tacto de Lucía hasta que un día,
la crisis, no hay más artículos en oferta, las pensiones no cobran
por horas y regresas a una playa, al encuentro de ese olor
que se lucha, que permanece tan poco tiempo que hace necesario
cocinarlo, respirarlo a diario, a pinceladas, ese olor huidizo
en cada golpe de corriente. Luego, ese final de especie protegida.
 
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